viernes, 16 de octubre de 2015

Mi Experimento Social: Buggy y el poder de las pequeñas cosas

No puedo esperar para contarles los resultados de lo que he denominado mi propio "Experimento Social" y que conduje en los últimos días.

A principios de esta semana decidí estudiar la reacción de otras personas cuando se enfrentan a algo inesperado, o que contradice la razón o la lógica cotidiana.  ¿Qué hice? Decidí tomar un insecto de juguete de Paulina y María José y sujetarlo a la parrilla de mi auto durante unos días.  



Como ven en estas fotos, el insecto de plástico es más pequeño que una mano, pero suficiente grande para ser visto por un transeúnte, otros conductores y los guachis y conserjes de los lugares que frecuento.  

A pesar de su tamaño mucho más grande que un insecto real, se ve tan real que pone en tela de juicio el criterio de quién lo mira por primera vez.  La reacción típica que observé es que cuando la mirada perdida de alguien se encuentra con él, en lugar de seguir de largo sin siquiera reparar en ver detalles de un carro negro más, automáticamente se vuelve la vista hacia el insecto - que he decidido apodarlo Buggy, de cariño. 

Me deleité viendo como Buggy hacía que el transeúnte o conductor más distraído lo mirase dos veces como preguntándose ¿qué es eso? o ¿será real?.  Vi en ocasiones como de inmediato afloraban las fobias que muchos tienen a los insectos y pegasen un respingo del susto, en especial si estaban cerca y andaban a pié.

Lo anterior era de esperarse, lo que no esperaba fueron las lecciones que he aprendido de este experimento y que quiero compartir con ustedes como humildes aprendizajes de esta semana.

Lección 1: No minimices el impacto de tus acciones.  Realmente no tenía grandes expectativas, porque es algo pequeño, no muy llamativo, sin embargo he quedado gratamente impresionado de mi experimento.  Pienso que por lo menos medio centenar de personas vieron a Buggy en estos días. Alcanzar 50 personas, sin demasiado esfuerzo, y más aún provocar algún tipo de reacción en esa cantidad de gente es prueba de que nuestras acciones, por pequeñas que sean tienen un alto impacto en las personas que nos rodean.  Queda de nuestro lado tratar que dicho impacto sea lo más positivo posible.

Lección 2: Pequeñas cosas cambian el tono de la conversación y pueden ser el puente para construir relaciones personales.   En el edificio donde vivo (que digamos que es de clase media-alta), los vecinos no tendemos a confraternizar más allá de las cortesías típicas al encontrarnos en las áreas comunes.  Esto cambió con Buggy!!! En sólo 4 días me hablaron o escribieron vecinos con los que nunca conversé antes.  Y los que sí conocía un poco más, se acercaron con historias jocosas sobre su reacción al ver al insecto sobre mi carro.  “Vecino Ud va a matar a una del susto!” me dijo entre risas una de ellas.  Otra llamó al conserje porque pensaba que era un murciélago, y hubo una cuasi lucha entre el conserje armado con un periódico y el animalito plástico, que me cuentan fue un show digno de ser grabado.  Los que tienen niños se me acercan a contarme su experiencia, pues fueron sus pequeños que se percataron antes que ellos, con una mezcla de temor y curiosidad. 

Estos intercambios han llenado la semana de un ambiente más alegre, menos formal y taciturno y no solo con mis vecinos, sino entre sus choferes, personal de limpieza, conserjes, guachimanes y hasta compañeros de trabajo que me relatan que tenían miedo de subirse a sus vehículos cuando se dieron cuenta de que había un “bicho raro” en el parqueo de la oficina.

Tengo sentimientos de haber logrado algo, cuando recuerdo la sonrisa en los rostros de los transeúntes que se percataron de Buggy en algún semáforo. Luego de mirarlo por segunda vez, generalmente subían la vista con una sonrisa para conmigo - el conductor del carro- y por un breve segundo sentía que éramos cómplices en este pequeño experimento y que guardábamos el secreto que Buggy, cual Pinocho moderno, no era real, aunque así lo quisiese ver nuestro inconsciente.

Lección 3: Diviértete en el camino.  En la vida no todo tiene que tener un fin.  Mi esposa me preguntaba que para qué hice eso de ponerle al carro un juguete y la verdad no tuve una respuesta satisfactoria para ella.  Sin embargo creo que hay que hacer cosas simplemente para divertirnos.  Sin hacer daño a terceros, podemos con algo minúsculo, dar un paso atrás y disfrutar de la experiencia.  Dejémonos sorprender de la vida, que la misma es muy breve y el camino tiene miles de detalles, como aquellos que pasaban de largo los transeúntes con los que me crucé, que sólo se detuvieron a pensar en lo que estaban viendo cuando se les presentó un elemento que les llamó la atención y les hizo abrir los ojos, aunque estos ya estuvieran físicamente abiertos.

Por último, estimado lector, este fin de semana retornaré a Buggy al baúl de juegos de las niñas.  Se retira con el honor del deber cumplido y yo lo hago con la satisfacción de haber aprendido, compartido sanamente con mis vecinos, sonreído con desconocidos y haber disfrutado una semana de asombros, sin gastar ni un centavo.



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